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Hoy, me siento feliz.

Ya hace un mes y días que entré a la tormenta, la tormenta perfecta según aquella película en la cual para donde quiera que mirases, todo salia mal pero lejos de sentirme debilitada, lejos de permitirme la amargura, algo ha cambiado y... me siento feliz.

Hoy, durante la mañana tuve un sobresalto, cuando ocuparon las redes sociales para atacarme, se escondieron tras un rostro anónimo para denigrar mi dignidad que tanto he cuidado, honestamente me imagino que es un lío de pantalones y creo que pantalones, que ni se lavan en mi casa ni en la de esa persona, pero ese es otro cuento; la realidad es que me señalaron en cada uno de los ataques por mis ventas y yo crei, en primer momento que me iba a afectar. Como cualquier ser humano común y corriente, pensé en la venganza - hoy si se la voy a dejar ir - pensé durante casi todo el día y porque tengo casi un 70% de seguridad de saber a quien me enfrento, me sentía mala, peligrosa y hasta líder de la mafia con eso que mis amigos parecen Rusia, Corea del Norte y China si de defenderme se trata, sé que hay medios legales para hacer daño y los contemplé todos, pero algo pasó...

Desde que supe que mi mamá había recaído con el cáncer, pensé en que Dios me odiaba, dude de su existencia, me resistí a la idea de que esto es un plan para mi vida (si, incluso los que conocemos a Dios desde el vientre de nuestra mamá pasamos por esto); pero si volvemos a hoy, yo estaba enferma de maldad, disfruté pensando en los posibles escenarios de mi venganza, yo me creía con derecho de hacer justicia por mi mano (ya ven que soy muy fanática del Conde de Montecristo) pero, no me di cuenta que estaba proyectando al universo toda la maldad y atrayendola como boomerang. Lo comprobé porque siempre que yo saco mi venta de típicos, me encomiendo al Dios en el que juraba ya no creer y hoy se me olvidó, salí a la calle y ¿Qué creen? ¡NADIE ME COMPRABA! Para nadie es un secreto que de esto depende mi hogar en gran manera y fue una aflicción terrible ver toda mi venta congelada... Mientras yo seguía pensando en venganza.

Tome la decisión de salir a visitar casa por casa a unas calles a donde nunca había ido, antes de entrar tuve un pensamiento en mente, una voz audible, un versículo que reconozco y fue: "Mía es la venganza" y no hablo de mi, sino de que alguien en mi cabeza lo decía y lo acepté, casi inmediatamente decidí perdonar en mi corazón, no sé cómo pero tuve consciencia de que yo me estaba dañando a mi misma, y perdoné a esa persona que me está atacando porque sé lo que es tener el corazón roto, sé lo que es estar enamorada y que no te correspondan como mereces, que te usen como bien  dice, sé lo que es sentirte insignificante para alguien a quien amas... Y perdoné.

Saben, desde las 4 pasadas que tomé esa decisión, una enorme sonrisa se apoderó de mi rostro y fui, casa por casa, con una sonrisa y sin resignarme a volver con mi venta a casa, pensé en el camino que nadie se le resiste a una sonrisa, pensé en lo que trabajan en la Hut, Míster Donnut, BK o cualquier otra empresa en la que la sonrisa de oreja a oreja ves por compromiso y la asumí para mi, porque soy la gerente de esta empresa de mi Típicos y debo dar el ejemplo.

No saben lo bonito que es confirmar que nadie le dice que no, a un vendedor que sonríe.

Ya han pasado varias horas desde que solté el problema, solté y perdoné, creo que Dios habló a mi vida como hacía tanto tiempo no le oía, ahora sé que él tiene el control y no importa si usted que me lee no cree... Hoy por hoy, yo no puedo resistirme a creer, no con tanta felicidad sin razón saliendo de mi pecho, no habiendo visto la mano de Dios como cuando la gente me decía: "Niña, deme otro dólar más".

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